• 12 Oct

    P. Alberto Soria

  • Queridos hermanos: la fiesta del Pilar apenas necesita presentación para la mayoría de los aquí presentes. El santuario levantado en Zaragoza, donde la Bienaventurada Virgen María se dignó posar su pie sobre una columna o pilar cuando todavía no había ascendido al cielo, por tanto, en carne mortal, es un lugar excepcional y con razón uno de los más visitados del mundo, porque allí le concedió el Señor ir a consolar al apóstol Santiago, pariente del Señor y hermano del también apóstol S. Juan en su predicación por tierras españolas.

    Este lugar ha sido a lo largo de la historia un punto de referencia particularmente para el pueblo español, pero con una proyección universal, sobre todo en Hispanoamérica, donde ha arraigado la devoción a esta advocación de la Bienaventurada Virgen María. La experiencia del apóstol Santiago el Mayor de ser confortado por nuestra Stma. Madre ha desbordado las fronteras de nuestra patria, por lo que la han hecho suya y la han sentido igualmente todos los que con fe la han invocado a partir de aquel hecho histórico guardado en la memoria del pueblo cristiano. El Papa Pío XII otorgó a todas las naciones hispanoamericanas y a Filipinas la posibilidad de celebrar la misma misa que se celebraba en España. La Virgen del Pilar es también patrona de numerosas instituciones españolas, entre otras nuestra querida Guardia Civil, tan vinculada con el Valle.

    Las lecturas proclamadas, queridos hermanos, nos recuerdan por una parte la fuerza de la oración con María que experimentaron los apóstoles y primeros cristianos y, por otra, la alabanza de las obras que Dios ha obrado en María y, a través de Ella en todos los hombres. Imprescindible son para nosotros ambas cosas: si no somos agradecidos con Dios por sus beneficios, no somos buenos hijos; si no nos dirigimos a Dios unidos a nuestra Bienaventurada Madre, nuestra oración será muy pobre y rara vez alcanzará su objetivo. La Bienaventurada Virgen María ocupa en la Historia de la Salvación un lugar muy imprescindible y nada desdeñable. La necesitamos para asegurar nuestra respuesta de amor al infinito amor que el Señor nos brinda a cada instante. Sin Ella, esa respuesta a la alianza de amor de Dios con el hombre sería tan difícil que solo algún que otro ser humano hubiese sido capaz de responder. María está a nuestro lado para que no echemos a perder la gracia de Dios. Ya antes de subir al cielo estuvo al lado de los apóstoles y discípulos del Señor para ayudarlos a perseverar en su fidelidad y ya antes de empezar sus milagros, Jesús adelantó la hora de los signos para facilitarnos el camino de nuestro acercamiento a Dios.

    Queridos hermanos: nos encontramos en un momento crucial para la unidad de nuestra patria. Una de las muchas bendiciones que esta ha recibido pasa a través de María, para aglutinar todos los pueblos de España en la misma fe. Hemos de ser respetuosos con todas las diferencias, pero conscientes del bien espiritual y humano que se sigue de la unión. Han sido siglos de luchas heroicas frente a todos los fermentos de desunión que ha mezclado el antiguo enemigo de nuestra salvación a lo largo de la historia para impedirlo. Cuando de nuevo nos amenaza la desunión, recurramos a nuestra Madre con renovado empeño y cerremos filas con nuestra oración unánime. En un momento en que es más necesario que nunca pedir que nos aglutine el amor, nuestro más rico tesoro y no los meros intereses políticos y económicos, la Virgen del Pilar es sin duda puerto seguro y una intercesora todopoderosa para desbaratar los intentos de fracturar la hispanidad y con ella su fe católica.

    Queridos hermanos: acojamos todas las iniciativas de oración y de reparación de nuestros pecados. Donde dos o tres están reunidos en nombre del Señor para pedir algo conforme al corazón del Señor, ahí está el Espíritu del Señor. Pidamos perdón por todos los pecados que se cometen en este suelo patrio que pisó la Hija predilecta del Padre, la Esposa del Espíritu Santo, la madre de Jesús. Encomendémoslo con gran fe y piedad a la Virgen del Pilar, representada artísticamente de forma muy original en una de las capillas de la nave central de nuestra basílica, en la que además custodiamos las reliquias y restos de numerosos mártires, algunos de ellos ya beatificados y otros muchos en proceso. Ellos también dieron su vida por España y sin duda no dejan de interceder ante nuestra Madre para que arranque de su Hijo la gracia que estamos suplicando. Que así sea.

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