• 8 Jul

    P. Alberto Soria

  • Queridos hermanos:

    El profeta Ezequiel narra el rechazo de su pueblo a su profecía o predicación, la rebelión contra Dios mismo en la persona del profeta no aceptado. El profeta es Hijo de hombre. Con Hijo de hombre o Hijo de Adán, expresiones equivalentes, se significa la distancia infinita entre Dios y su criatura, cuya grandeza radica precisamente en la sumisión o en la armonía con su Creador. Cuando el hombre obedece al Omnisciente y Omnipotente, se hace partícipe del honor que corresponde a las grandes obras de Dios. Esta obediencia y armonía con Dios aumenta en grado incomparable las pequeñas capacidades humanas. Con lo cual, situarse al lado de Dios y bajo sus órdenes es estar al lado del hombre. El drama de hoy es que unos pocos hombres capaces de arrastrar a la mayoría pretenden ganar en prestigio apartándose de Dios y hasta situándose contra su sabiduría y poder. Sólo hoy se ha atrevido el hombre a legislar en abierta oposición a la infinita sabiduría y justicia de la ley divina. El hombre ha quedado así disminuido y humillado ante sí mismo convirtiéndose en un lobo sanguinario para sus semejantes, en perfecta aplicación de la filosofía de Thomas Hobbes.

    La vileza del crimen del hombre, queridos hermanos, consiste en haberlo perpetrado traidoramente con niños indefensos en el seno de su madre. Y no sólo eso, también se ha ensañado contra la familia escondiendo sus intenciones con lenguaje engañoso. Los institutos de planificación familiar, contra lo que pudiera parecer, en vez de ayudar a tener una familia, ofrecen un plan para no tenerla y los derechos reproductivos acaban convirtiéndose en un quimérico derecho a no reproducirse. Se proponen nuevos modelos de familia que son una farsa y cuyo verdadero objetivo es destruir la única familia natural, formada por el vínculo indisoluble hasta la muerte entre un hombre y una mujer, capaces de una procreación humana digna. Los muy poderosos e hiperactivos enemigos de la familia dicen que frente a la familia que creen caducada y que peyorativamente llaman “tradicional”, hay otros modelos alternativos de familia moderna, que según ellos son los verdaderos: parejas de hecho, uniones a prueba, uniones de homosexuales, lesbianas, bisexuales y transexuales e incluso los tríos. Pero no hay sino un único modelo de familia, la familia natural, sin aditivos, conservantes ni colorantes y que es anterior a JC. Es intragable que ciertos políticos, que encima se declaran católicos, digan que también son familia y matrimonio dos hombres o dos mujeres que se quieran.

    Los enemigos de la familia tampoco hablan de marido y mujer, de esposo y esposa ni de cónyuges, sino de compañera, que hoy es una y que mañana puede ser cualquier otra. Algunos rebajan todavía más el listón al hablar de la pareja, como si fuéramos unos animalitos más. Pero lo que más repele de todo es que los malos tratos del marido a la mujer o al revés, que de todo hay, ahora se llamen violencia de género. Esta perversa ideología de género defiende que ninguno tenemos un sexo definido, sino que hombres y mujeres lo elegimos y durante nuestra vida podemos cambiar de orientación sexual tantas veces como nos pida el cuerpo.

    Queridos hermanos: la carta de san Pablo a los Corintios abre nuevas perspectivas. Él se alegra de su propia debilidad y de las persecuciones sufridas por Cristo, porque ahí precisamente se muestra el poder de Dios que hace que su predicación sea aceptada por todo el mundo, con medios insignificantes. Individualmente también nos cuesta mucho aceptar que es Dios el autor de nuestra santificación y que es necesario que continuamente purifique nuestras intenciones, que tienden a desviarse para buscar nuestra gloria. San Pablo luchaba contra su propio yo y se gloriaba de ser débil para que se pusiera de relieve la acción de Dios, única capaz de obrar la conversión propia y ajena.

    La visita de Jesús a Nazaret profundiza en el obrar divino, lleno de bondad hacia los hombres, pero por caminos desconcertantes para nosotros. Sus vecinos de Nazaret, donde Jesús pasó su vida oculta durante treinta años, reflejan la dificultad del creyente de todos los tiempos, pues aceptan la humanidad de Jesús y sus milagros, pero se resisten a verlos como signos mesiánicos y a reconocer su divinidad. No se acomodan a los planes de Dios, sino que pretenden que Dios acepte los suyos sin amarle ni creer en Él. A todos nos resulta más cómodo decir que creemos en Dios sin atenernos a sus mandamientos. Estemos muy atentos, queridos hermanos, pq con demasiada frecuencia podemos caer en una fe sin obras, protestantizada, que prescinda de la parte humana de la Iglesia y pensar que tenemos línea directa y exclusiva con Dios. Esta postura llevada al extremo lleva a confesarnos directamente con Dios sin pasar por el cura. Todo lo cual es manipular a Dios, fabricarnos una salvación sin Dios, puramente humana. Jesús nos pregunta a cada uno hoy: ¿Me amas tal cual me he revelado en Mi Palabra? ¿Aceptas lo que tanto te repugna como es encontrarme a Mí en la gente insignificante para ti, que no puede enaltecerte, carente de recursos materiales y humanos, de la que no puede sacarse una ventaja, de los que opinan distinto? No nos dejemos engañar por el diablo y respondámonos a estas preguntas.

    Pidamos a la Virgen del Valle que interceda ante su Hijo para que nos conceda adherirnos a Jesús, mero anticipo de lo que recibiremos en el cielo si por Su gracia se digna concedernos la eterna bienaventuranza. Que así sea.

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