• 18 Mar

    P. Carlos Mata

  • Queridos hermanos en Xto.:

    Siempre se nos ha enseñado que en este mundo tenemos que hacer el bien, que Dios lo que quiere de nosotros es que hagamos el bien a nuestro alrededor, que seamos buenos y de este modo al final nos salvaremos. Esto, si bien es verdad, no está completo. Hoy Xto nos dice que el que realiza la verdad se acerca a la luz para que se vea que sus obras están hechas según Dios; de este modo, Xto añade una nota esencial en nuestro modo de hacer el bien. Tenemos que obrar el bien, sí, pero no de cualquier modo. El bien que podamos hacer en nuestra vida no puede ser realizado de cualquier manera pues no todo bien agrada a Dios, únicamente el realizado según Dios es el que nos permite alcanzar la salvación. El bien por sí solo es bueno pero el bien según Dios es la verdad. Xto cuando dijo de sí mismo que era el Camino, la Verdad y la Vida no añadió el bien porque éste estaba incluido en la Verdad.

    Esto que digo queda claramente explicado por el mismo Señor cuando viendo a las personas que echaban dinero en el cepillo del templo únicamente alabó la acción de la pobre viuda que echaba lo poco que tenía en contraposición a todos aquellos que echaban mucho de lo mucho que les sobraba. Nosotros, a que dudar, nos hubiéramos fijado en las grandes sumas de dinero que habían echado esas personas porque nos diríamos que con tales cantidades se podría hacer mucho bien y vemos, sin embargo, que Xto se fijó en la miseria que daba la pobre viuda. Esto nos confirma que nuestros caminos no son los caminos de Dios y que nuestros planes no son sus planes.

    Pero nos podemos preguntar cómo una obra está hecha según Dios. San Pablo nos dice que si uno tuviera todos los dones y todas las facultades posibles, si uno pudiera hacer milagros o cualquier otra cosa si no tuviera caridad no tendría nada y todo cuanto hiciera sería nada ante Dios porque en la caridad está todo.

    Resumiendo: Amor auténtico, aquí está todo, y para Dios no existe nada más.

    Y, sin embargo, hoy no se puede convencer al mundo de que esto es así porque el mundo de hoy prefiere las tinieblas a la luz. Hoy se ensalza lo feo, lo malo, lo falso; hoy es el mal gusto lo que atrae, lo antiestético, la grosería y la ramplonería. A un mundo así no es sencillo hacerle comprender que existe otro modo de vivir y de entender la vida, que la felicidad no depende ni del poder ni del dinero, que disfrutar de la vida no implica descontrol, que la felicidad y la paz se puede encontrar única y totalmente en Xto. No es menos cierto que esto es imposible porque, por otro lado, nosotros mismos no llegamos a creérnoslo del todo y si, como dice Xto, la sal se vuelve sosa con qué se la salará.

    El evangelio nos señala dos caminos: la realización de la verdad para alcanzar la salvación y la perversidad para alcanzar la condenación; son los eternos contrarios: vida-muerte, verdad-mentira, luz-tiniebla, bien-mal, salvación-condenación. Esto es lo que Xto pone hoy ante nuestros ojos: uno de estos dos caminos; Él viene al mundo para que el mundo se salve por medio de Él pero es a nosotros a quienes nos corresponde elegir cómo obrar.

    Y, efectivamente, no siempre obramos la verdad, también realizamos la perversidad: el que fomenta y práctica el aborto es perverso; el que disculpa o alienta cualquier modo de terrorismo es perverso; el que comercia con seres humanos, el que comercia con armas o con drogas es perverso; el que malogra a la juventud, el que escandaliza a los niños es perverso; el que atenta contra cualquier derecho fundamental del hombre, el que niega el derecho natural es perverso; el que trastoca el orden natural de la cosas, el que sojuzga a los pueblos, el que extirpa el nombre de Dios en el mundo es perverso.

    Queridos hermanos hemos de elegir la luz o la oscuridad no tenemos otra opción posible porque no la hay. Dios nos llama, Dios nos salva, todo depende de que nosotros queramos o no aceptar su llamada y su salvación. Es cada vez más urgente que realicemos la verdad, que nuestras obras estén hechas según Dios porque solamente así podremos salvar a este mundo que no quiere aceptar a este Dios que tanto le amó como para darnos a su único Hijo y lograr que nadie de los que crean en Él perezca.

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