• 5 May

    P. D. Anselmo Álvarez

  • Con el texto litúrgico de las Misas de la Virgen, también nosotros decimos : « Alegrémonos todos en el Señor al celebrar hoy la festividad de Maria Virgen, de cuya solemnidad se alegran los ángeles y alaban al Hijo de Dios ».

    Dedicamos este día en el Valle a conmemorar a la Patrona de este lugar, protectora de todos los que la aclamamos como Nuestra Señora del Valle, de todos los que constituimos la comunidad de los que habitamos y trabajamos en él, y que acoge, a la puerta o en el interior de la basilica, a cuantos tienen un multiple encuentro con ella a través de sus distintas advocaciones. Ellos y nosotros podemos desgranar un rosario de los diversos titulos con que María ha querido ser invocada en este templo, lo que hace de él un verdadero Santuario Mariano.

    Este rosario de advocaciones, que se encontra disperso por toda la geografía mariana de nuestra patria, nos permite unirnos a la veneración que nuestros pueblos profesan a la Virgen, y pedir con todos ellos que su presencia entre nosotros se eleve como un muro en defensa de la fe y de la tradición religiosa de España. En ella la devoción a María ha promovido el amor y ha sostenido durante tanto tiempo la adhesión a Cristo su Hijo. A sus manos hemos de confiar que se detenga su debilitamiento o su pérdida, para que la herencia cristiana recupere una nueva vitalidad para nuestra sociedad, que le permita renovar su dinamismo histórico y espiritual.

    Junto al Señor, también a Ella la aclamamos como nuestro réfugio y fortaleza, poderosa defensora en el peligro, cuyo brazo extendido ‘defiende esta ciudad de Dios, que es el Valle, desde el despuntar de la aurora hasta el ocaso’.

    Sabemos que Ella es, junto a su Hijo, nuestro refugio y nuestra fuerza, que El Señor de los ejércitos, esta con nosotros, y que nuestro alcazar es el Dios de Jacob. Sabemos que, pese a la humildad de quien se declara la esclava del Senor, Ella domeña la soberbia del mar y amansa la hinchazón del oleaje, que su brazo potente desbarata al enemigo, que es fuerte su izquierda y vigorosa su derecha, y que con ella humilla las altas torres y las murallas inexpugnables, todo lo que es orgulloso y arrogante. Por eso –seguimos diciendo con la Escritura-, junto a Ella no tememos aunque hiervan y bramen las olas, porque el Señor de los ejércitos está con nosotros, y junto a El está aquella que pisa la cabeza de la serpiente infernal.

    Pedimos a nuestra Señora: que tu casa y tu trono en el Valle permanezcan para siempre. Ese solio que hoy ocupa y que solicitábamos para Ella hace algunos años con ocasión de este mismo día de su fiesta. Decíamos entonces: que el trono hoy inaccesible y casi invisible en que está actualmente instalada pueda pronto quedar cercano a todos nosotros, los que vivimos permanentemente en su Casa, y los que podrán venir a postrarse muy cerca de Ella, como peregrinos que dejen junto a su imagen el testimonio vivo de su amor y de sus súplicas.

    Hoy nos alegramos especialmente porque la imagen de Nuestra Señora del Valle haya descendido de esas lejanas alturas para acercarse a nosotros: a los monjes y cuantos como fieles y peregrinos o con otros propósitos, frecuentan esta Basílica. Esperamos que este encuentro tan cercano con sus hijos, en el corazón de la Basílica, en la proximidad del altar y de la Cruz en la que también Jesús nos recibe con los brazos extendidos, a poca distancia de la estatua yacente del Hijo muerto, y escoltada por el arcángel San Miguel, sea una fuente de bendiciones para cuantos nos aproximamos a Ella, y para toda España.

    Pero pedimos que lo sea también para quienes permanecen lejanos, porque María tiene siempre, pero hoy especialmente, la misión de ser la portadora de Cristo, como empezó a serlo inmediatamente después de la encarnación, en su visita a Isabel. Ella es, aquí, el Arca de la Alianza depositada en el Santuario, y es en todas partes la gran Evangelizadora que nos sigue diciendo, con acentos cada vez más apremiantes: “haced lo que Él os diga”. Porque su Palabra, la de mi Hijo, es la única que os puede sacar de la confusión y del mal que os envuelve, y abriros a la luz de la verdad y del bien, para que podáis seguir en vuestra vida el camino recto, y lo mostréis a los demás. Renovaos con la fuerza de su gracia y de su amor a fin de que, al menos unos pocos, mantengáis en el seno de la sociedad la memoria y la presencia de Jesús, el único que puede dar vida a un hombre y una sociedad nuevos; el que puede estar cercano a decir: “ahora hago nuevas todas las cosas”.

    Con la oración Colecta pedimos para todos nosotros saber "entregarnos fielmente a su servicio con testimonio de palabra y de vida", de manera que lleguemos a ser, como María, moradas de su Hijo y templos del Espiritu, y permanezcamos en el Hijo y en el Padre, de manera que la unción que hemos recibido persevere en nosotros. Hoy tenemos un recuerdo especial para el P. Abad Ernesto, a quien la Virgen llamó a Sí el mismo día de su fiesta. Fue un signo de predilección, que nos permite confiar que en él tenemos también un intercesor, que se une a los muchos con que ya cuenta el Valle. Que el Señor le conceda el descanso eterno.

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