Regreso a Madrid

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    Como el jueves 19 debíamos despegar a las 13,30 h., salimos del hotel hacia las 9,30 h. para poder llegar puntuales en torno a las 10,30 h. al aeropuerto F. Chopin de Varsovia. Y como era día festivo, pues en Polonia el Corpus Christi se sigue celebrando el jueves correspondiente, el tráfico estaba muy bien y llegamos perfectos de tiempo. Las procesiones del Corpus en Polonia son preciosas y devotas, según nos había contado Anna, pero tristemente nos teníamos que volver ya y no pudimos asistir a ninguna.


  • De camino al aeropuerto, el P. Santiago nos invitó a observar los diferentes tipos de construcción en Varsovia y que también habíamos podido ver en otras ciudades al pasar o en Cracovia: desde los edificios antiguos, que eran los más bellos (en Varsovia se reconstruyeron después de la II Guerra Mundial) hasta los rascacielos de los últimos años, pasando por la abundante construcción de casas de época comunista, todas ellas iguales, feas estéticamente y de un color generalmente ocre, un tanto triste. Aunque la impresión que pudiera dar es que el régimen comunista tenía el efecto positivo de facilitar viviendas baratas a las familias, la realidad era muy otra: un matrimonio joven podía tardar entre 12 y 15 años en conseguir una vivienda, de tal modo que habitualmente optaban por quedar viviendo en una habitación de la casa de sus padres hasta que podían disponer de casa para ellos. La vida en la Polonia comunista fue de una pobreza tremenda, en algunos años extrema, y una gran parte de la población vivió en la miseria. Las cartillas de racionamiento existían en una época tan reciente como los años 80. La gestión económica fue desastrosa y sólo los dirigentes comunistas, que componían la denominada Nomenklatura, gozaban de una posición económica de gran riqueza. Todo esto acentuó las revueltas periódicas de los obreros contra el régimen comunista, pues se hacía evidente la mentira de las típicas promesas comunistas de riqueza para el pueblo, mejora social, etc. Por fin, la lucha de “Solidarność” (con más de 10 millones de afiliados clandestinos) se hizo imparable, sobre todo al contar con el respaldo de San Juan Pablo II. A partir del declive del comunismo en Polonia, éste cayó en todo el mundo del este. Las promesas de la Santísima Virgen en Fátima se estaban cumpliendo a través del Papa polaco.


  • Después de facturar y de subir al avión, despegamos con total puntualidad. El viaje de regreso a España fue más “movidito” que el de ida a Polonia, pero también por eso resultó en parte más gracioso y de aventura. Tanto en el despegue como llegando a Madrid (donde había nubes de tormenta), hubo algunos baches y turbulencias que nos hicieron reír a los escolanos y a los adultos, aunque cierto sustillo hubo en algunos de los chavales. Guillermo, desde luego, pasó con sobresaliente las pruebas de fuego de este viaje. Y para aterrizar en Madrid-Barajas, que lo pudimos hacer algo antes de la hora prevista (se pensaba hacer a las 17,10 h.), dimos alguna vuelta por la sierra y nos llevamos la sorpresa: ¡pudimos ver perfectamente el Valle de los Caídos desde el aire!


  • Hay que notar que en el avión, la tripulación felicitó a los monjes y profesores por el buen comportamiento de los escolanos, ya desde el inicio del viaje, y tuvo algún detalle hacia ellos. Dijeron que les sorprendía verlos “muy formalitos” y Escolástica nos dijo con emoción al día siguiente que una de las azafatas le había comentado: “Muchas veces, sólo una madre con dos niños dan mucha más lata y se portan peor que todo este grupo”. Este tipo de comentarios elogiosos los suele recibir la Escolanía cuando viaja fuera del Valle. Quisimos cantar algo para la tripulación, pero las prisas del autobús que nos debía trasladar del avión al edificio de la Terminal 1 no lo hicieron posible.


  • Una vez recogidos los equipajes, tomamos el autocar que nos conduciría de vuelta al Valle. Al aproximarse el autobús a la Escolanía, el P. Santiago hizo un agradecimiento a los escolanos por su comportamiento en general y a los profesores por su colaboración en el viaje, y muy especialmente a Matías por todo lo que trabajó de forma tan importante en la organización. Recordó una vez más asimismo a Anna Korus. Y es obligado también referirse aquí a las gestiones realizadas a través del Instituto Polaco de Cultura, sobre todo por medio de la Sra. Dª Iwona Zielińska-Sąsiada, Coordinadora de Proyectos; con ella y con el Director del Instituto, Sr. D. Cezary Kruk, se había reunido el P. Santiago ya en julio del año pasado y luego estuvo en contacto frecuente con ella para todas las gestiones con el profesor Korzeniowski.


  • Ya en la Escolanía, nos esperaban varias familias y, después de merendar, deshacer maletas y asentarnos un poco, tuvimos la Santa Misa en la capilla, donde dimos gracias a Dios, a la Santísima Virgen y a los santos que en todo este viaje nos habían acompañado, ayudado y protegido.


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