Visita a las minas de sal

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    En la mañana del lunes 16 tuvimos que madrugar mucho. Íbamos a realizar una visita a las Minas de Sal (“Kopalnia Soli”) de Wieliczka, a 10 km. desde el centro de Cracovia, y el profesor Korzeniowski la había concertado muy temprano para poder evitar así las aglomeraciones que se producen más tarde y porque formábamos un grupo más numeroso que aquellos en los que se suelen dividir las visitas. Cabe señalar que una de las cosas que más nos llamó la atención desde el principio del viaje fue la diferencia horaria con España: aunque tenemos la misma hora, en Polonia amanece muy temprano, al estar mucho más al este, y a las 4,30 h. ya es casi pleno día en las fechas en que hemos estado.


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    Después del desayuno, marchamos con ese destino en autobús, guiados por Mateusz, un joven estudiante y miembro del coro “Educatus”. En el trayecto pasamos junto al emplazamiento del campo de concentración nazi de Płaszów, que hoy está cubierto por hierba y hay un monumento o memorial que recuerda a las víctimas. Fue un campo de trabajo en el que estuvieron recluidos judíos polacos y húngaros; Oskar Schindler (miembro del Partido Nacionalsocialista que tomó conciencia de la barbarie que se estaba produciendo), reclutó de aquí a todos los judíos que pudo para salvarlos de unas penalidades brutales y de una muerte casi segura, llevándolos a su fábrica en Cracovia. También pasamos, quedando al otro lado, junto al terreno donde estuvo la cantera y fábrica en la que trabajó el joven Wojtiła. El paso junto al campo de trabajo de Płaszów nos hizo recordar que cerca de Cracovia se encuentra el campo de Auschwitz-Birkenau, donde además de un número ingente de judíos murieron una gran cantidad de polacos y de sacerdotes y religiosos como la judía conversa alemana Santa Teresa Benedicta de la Cruz, llamada Edith Stein antes de su ingreso en el Carmelo, y el franciscano San Maximiliano Mª Kolbe, mártir de la caridad que entregó su vida a cambio de la de un padre de familia que iba a ser asesinado por la huida de un prisionero. Los nazis aniquilaron entre una tercera y una cuarta parte del clero polaco: unos 3.000 sacerdotes, religiosos y religiosas murieron en campos de concentración.


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    En las Minas de Sal contamos con una guía que fue explicando todo el recorrido y Anna Korus, la madre de Szymon, nos lo tradujo. Las minas se comenzaron a explotar desde el siglo XIII y son Patrimonio de la Humanidad, desde que en 1978 la UNESCO lo inscribiera en su lista. Se extiende por nueve niveles bajo tierra y llega hasta los 327 m. de profundidad, formando un laberinto de casi 2.400 cámaras y 245 km. No obstante, sólo se visita una muy pequeña parte: 23 cámaras unidas por 2,5 km. de galerías, en tres niveles desde los 64 m. hasta los 135 m. de profundidad. Las excavaciones están llenas de paisajes subterráneos sorprendentes, con cámaras majestuosas, lagos de agua salada, estalactitas y estalagmitas… y formaciones salinas elaboradas por la mano humana de manera artística: varias capillas (dada la piedad religiosa de los mineros, que siempre rezaban antes y después de trabajar), estatuas de sal, etc. La más grande de las capillas es la de la reina Santa Kinga, patrona de los mineros en Polonia junto con Santa Bárbara: en ella cantamos. También hay dioramas y maquetas, máquinas, maniquíes de mineros y de caballos… con los que se explican las técnicas de excavación, de sujeción de muros y de extracción de la sal. Frente a lo habitual en las minas, el ambiente aquí resultaba muy saludable para las vías respiratorias, dada la abundancia de sal, y de hecho hoy existe una estación terapéutica a 135 m. bajo tierra para curar enfermedades como el asma, las alergias y otras. También cuentan con un restaurante que no visitamos.


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    Al término de la visita, que concluyó con una rápida y emocionante subida en un ascensor semiabierto y de dos pisos, nos dirigimos al centro de Cracovia para culminar la visita de algunas calles y edificios, como el Seminario Diocesano, con tantos recuerdos de Karol Wojtiła; la iglesia de los Franciscanos, a la que él iba a rezar (existe un banco con una placa que indica el sitio exacto donde lo hacía); la iglesia de los Dominicos; etc. Finalmente fuimos a la gran plaza y la Lonja de los Paños y luego a comer al restaurante “Koko”, igualmente en el centro histórico de la ciudad, donde estábamos invitados por la Universidad de Pedagogía. Nos acompañó una estudiante del profesor Korzeniowski, que sustituyó a Mateusz. Aquí y en otros lugares pudimos degustar algunos platos típicos de la cocina polaca, que ha resultado del agrado de varios escolanos, mientras que a otros les parecieron extraños ciertos sabores.


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    Teniendo en cuenta que se trataba de un grupo de niños, el profesor Korzeniowski había preparado el traslado en autobús al “Aquapark” de Cracovia. Los escolanos disfrutamos con los tubos, toboganes, piscinas… durante dos horas, después de recibir las instrucciones oportunas. Es un espacio totalmente cubierto, lo cual se explica para poder sacar mayor provecho de las instalaciones en un clima como el de Polonia.


  • Después del “Aquapark”, volvimos al hotel para cambiarnos y fuimos a la Iglesia Universitaria para celebrar la Santa Misa. Luego regresamos al hotel para cenar y dormir. Había sido un día sin duda intenso y lleno de actividades, en el que habíamos madrugado mucho y no habíamos parado casi ni un momento.


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